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Fertilidad y sistema inmune: cómo afecta

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Fertilidad y sistema inmune: un baile de dos

 

Durante las últimas décadas, se ha hecho cada vez más evidente que los factores inmunológicos contribuyen de manera sustancial a las situaciones de infertilidad.

 

El sistema inmunológico del cuerpo tiene entre sus funciones la de distinguir entre lo que es propio y lo que es ajeno. De esta manera, es capaz de identificar cualquier invasión por parte de microorganismos extraños -que puedan crear una infección- o de identificar células que no están comportándose como deberían -que podrían desencadenar un cáncer-. 

 

En algunos casos, el sistema inmune puede equivocarse en esta labor. Y cuando hay un error, comienza a reaccionar también contra tejidos propios, generando una patología autoinmune. 

 

Aproximadamente el 7% de la población padece una enfermedad autoinmune en algún momento de su vida. Y algunos de ellos padecen enfermedades autoinmunes de por vida, como la diabetes insulinodependiente o la artritis reumatoide.

 

El sistema inmune tiene “memoria”, guarda un recuerdo después de cada batalla. Es como si tuviera un disco duro con una gran base de datos de delincuentes identificados. 

 

Esta es una característica muy útil para ganar en eficacia ante futuros ataques. 

 

En este sistema se basan las vacunas: enseñan a responder eficaz y eficientemente al sistema inmune enfrentándole a diferentes patógenos atenuados.  Una vez vacunado, cuando dicho patógeno aparezca, el sistema inmune estará mejor preparado para actuar. 

 

Esta función de memoria reside en los llamados anticuerpos. Este sistema de memoria tan útil, se puede volver un problema cuando en caso de padecer una patología autoinmune, los anticuerpos se crean para ir en contra de células y tejidos propios. En estos casos la memoria también actúa y favorece la perpetuación de la patología. 

 

Embarazo y sistema inmunológico

El embarazo es una situación única y muy particular, que exige que el sistema inmune se autolimite en sus funciones. 

Una nueva célula, con al menos un 50% de su composición a partir de algo “extraño” (la información genética del hombre) y con un crecimiento anormalmente rápido, comienza a invadir y extenderse a través de tejidos del cuerpo. 

 

Sobre el papel, esta célula sería sin duda diana del sistema inmune. Sin embargo, no es así. 

 

Para que se dé un embarazo, el sistema inmune ha de aumentar su tolerancia inmune enormemente. El estado del sistema inmunológico de la madre es fundamental para establecer una relación entre la madre y el feto viable para ambos.

 

Esta tolerancia inmunológica comienza con un cambio de chip. El sistema inmunológico tiene dos formas muy diferenciadas de actuar. 

 

Tipos de actuación del sistema inmune

Esta tolerancia inmunológica comienza con un cambio de chip. El sistema inmunológico tiene dos formas muy diferenciadas de actuar. 

 

La tipo 1 o celular y la tipo 2, humoral o por anticuerpos. 

 

Dependiendo de qué tipo de invasión esté recibiendo el cuerpo, el sistema inmune utiliza una u otra herramienta, según crea más conveniente. 

 

Durante el embarazo, dado que la nueva célula es un agente celular extraño, el cuerpo prioriza la forma tipo 2 de trabajar y, de esta manera, la nueva célula no será diana del sistema inmune. Podrá implantarse y crecer adecuadamente. 

   

Este cambio de chip supone que algunas enfermedades autoinmunes, que implican una reacción inmune predominantemente celular (tipo 1), como la artritis reumatoide, tienden a mejorar durante el embarazo. Pero también significa que las enfermedades autoinmunes por anticuerpos, como el lupus, pueden empeorar. Se ha visto que existen anticuerpos específicos que pueden tener efectos dañinos tanto en la placenta como en el feto.

 

Diccionario de términos inmunológicos 

El sistema inmunológico es algo tan amplio, que comprenderlo y entender sus implicaciones en la fertilidad puede ser complicado. Por este motivo, es interesante descifrar algunos de estos términos para poder mejorar la inmunidad y la fertilidad.

Natural Killers o células asesinas naturales

Existen dos tipos de sistema inmune: el innato y el adaptativo. El primero es más ancestral y podríamos decir que “viene de fábrica”. El segundo es, como su nombre indica, aprendido, adaptativo y específico. 

 

Se forma según va enfrentándose a elementos extraños y conformando la memoria inmunológica. 

 

Las Natural Killers o células asesinas naturales son un tipo de glóbulo blanco (linfocito) que forman parte del sistema inmunológico innato. Su capacidad de matar también está estrechamente relacionada con la inmunidad celular o de tipo 1. 

 

Como tales, son potencialmente muy amenazantes para un embarazo en desarrollo.

 

Sin embargo, son el principal tipo de célula inmunitaria que se encuentra en el útero. Su número aumenta a lo largo del ciclo menstrual y alcanza su punto máximo en el momento de la implantación de un embrión. Si un embrión se implanta, el número de Natural Killers aumenta aún más hasta el 70 por ciento de todas las células. 

 

La cantidad de Natural Killers comienza a disminuir a las 20 semanas de embarazo. Finalmente, son inexistentes al final del embarazo. Esta relación hace más que probable que estas células asesinas estén íntimamente involucradas en el éxito o el fracaso de la implantación del embrión, causando infertilidad y aborto espontáneo. 

 

Sin embargo, este extremo aún no ha sido científicamente probado. 

 

Síndrome antifosfolípido

En el síndrome antifosfolípido (SAF), las mujeres tienen «anticuerpos anticardiolipina» o el “anticoagulante lúpico”. Si estos anticuerpos se presentan en mujeres con insuficiencia reproductiva y sin otros problemas clínicos, se denomina SAF primario. Si existen, además, otras enfermedades autoinmunes, como el Lupus eritematoso sistémico o el síndrome de Sjögren, se denomina SAF secundario.

 

Aún no está claro si los anticuerpos antifosfolípidos tienen un efecto sobre la fertilidad. Si bien se encuentran con más frecuencia en mujeres que se someten a FIV, puede encontrarse en el 4% de la población sana. 

 

El problema es que pueden atacar directamente a las células placentarias. A menudo se utilizan como marcadores de un posible trastorno inmunológico, pero sobre todo se evalúan en el contexto de pérdidas de embarazos. 

 

Consecuencias de la presencia de anticuerpos antifosfolípidos 

Los anticuerpos antifosfolípido son predictores fiables de resultados adversos en el embarazo y se asocian con pérdidas fetales tempranas y tardías, hipertensión inducida por el embarazo, retraso del crecimiento intrauterino, prematurez y trombosis arterial y venosa durante el embarazo. Sin embargo, debemos enfatizar que estas asociaciones no se observan en todas las mujeres, ni en todos los embarazos.

 

Sería recomendable medirlos en casos como: dos o más pérdidas de embarazo en el primer trimestre, pérdida de uno o más embarazos en el segundo trimestre, preeclampsia repetida o grave, retraso del crecimiento intrauterino, enfermedad tromboembólica en el embarazo. 

 

Y, sin duda, en cualquier mujer que tenga una enfermedad autoinmune sistémica y quiera quedarse embarazada.

 

El tratamiento con aspirina y heparina (Clexane) ha demostrado ser seguro y eficaz en mujeres con pérdidas de embarazo recurrentes y reduce el riesgo de aborto espontáneo. No se sabe si esta terapia reduce o no el riesgo de preeclampsia o el retraso del crecimiento intrauterino.

 

Anticuerpos antipaternales

La teoría de los anticuerpos antipaternales está aún muy en entredicho. Se trataría de anticuerpos que protegerían al embrión, por lo que deberían estar altos y no bajos. 

 

Pero hay defensores y detractores. 

 

Por un lado, hay estudios que afirman que existen determinados anticuerpos bloqueantes frente a los glóbulos blancos de la pareja. Es decir, que ayudan al sistema inmune de la madre a tolerar al embrión fecundado, que contiene tanto moléculas maternas como paternas, y que por ello podría ser reconocido como extraño. 

 

Si así fuera, generaría una reacción inmune que imposibilitaría la correcta implantación embrionaria. Estos anticuerpos se pueden propiciar con una inoculación de los leucocitos paternos antes del embarazo a modo de vacuna. 

 

En esta teoría se sustenta la idea de que tener relaciones sexuales de forma habitual favorece la fertilidad, ya que el sistema inmune de la madre será más capaz de reconocer como propio al material masculino y no atacar a esta composición paterna del embrión.

 

Por otro lado, hay detractores que aseguran que la actividad del sistema inmune en el ambiente materno-embrionario y materno-fetal es muy diferente de la actividad inmunitaria general y que estas premisas no son correctas. 

 

Hablan de que estos anticuerpos, en caso de tener alguna actividad tóxica, recaería sobre los linfocitos T. Y hoy parece haberse confirmado que la tolerancia inmune de cara a la implantación embrionaria no recae tanto sobre la actividad de estos linfocitos sino más bien sobre las Natural Killers que hemos mencionado antes. 

 

Si fuera así, la eficiencia de la vacuna anti paternal quedaría en entredicho. Además, destacan que esta vacuna podría suponer un impedimento para posibles trasplantes de órganos a la mujer por parte de su marido (si fuese compatible) o de otras muchas personas en caso de que fuera necesario.  

 

Anticuerpos anti espermatozoides

Resulta aún imposible para la ciencia probar cómo determinados anticuerpos pueden llegar a generar daño en los tejidos de los testículos como de los ovarios. Además, estos anticuerpos han sido detectados tanto en personas con insuficiencia ovárica o testicular como en hombres y mujeres sin esta patología. 

 

Así que no se sabe si son la causa o el efecto del problema. 

 

Su medición es, además, compleja y no del todo fiable, por lo que ha quedado relegada a un plano más teórico que práctico. Para cuando se identifican estos anticuerpos ya suele ser demasiado tarde y el daño sobre los órganos sexuales suele ser irreparable.

 

En este caso, el problema sería tenerlos demasiado altos. Las terapias usadas para su tratamiento, hasta hace poco, incluían la terapia inmunosupresora, el lavado de esperma, seguido de inseminación artificial o FIV. Sin embargo, en el contexto de una infertilidad inexplicable, el tratamiento de elección actual es ICSI (inyección intracitoplasmática), donde se inyecta un solo espermatozoide en un solo óvulo.

 

Anticuerpos que afectan al feto

Otra forma en la que la autoinmunidad puede afectar al feto es mediante la transferencia pasiva de un anticuerpo que tiene efectos patógenos. Los ejemplos incluyen tirotoxicosis neonatal, lupus neonatal y miastenia gravis neonatal. 

 

Todos mejoran a medida que disminuye el nivel de anticuerpos maternos por lo que el tratamiento pasará por tratar a la madre. 

 

Las mujeres con lupus necesitarán realizarse  pruebas específicas de detección de anticuerpos específicos que pueden causar bloqueo cardíaco fetal e insuficiencia cardíaca.

 

Tratamiento de las causas inmunológicas de la infertilidad

El sesgo genético para las patologías autoinmunes existe y es difícil de evitar. La medicina china propone una combinación de puntos de acupuntura para el filtrado genético en el mes 3 y en el mes 6 del embarazo, de manera que las patologías genéticas no se  transmitan de padres a hijos. 

 

Se trata de un conocimiento ancestral, avalado por el hecho de haber perdurado en el tiempo hasta nuestros días pero no se han realizado estudios científicos que lo confirmen o que lo desmientan.

 

Por otro lado, hasta hoy, la única condición inmunológica que está ampliamente aceptada como diagnóstico tratable es el síndrome antifosfolípido, que se trataría con aspirina y clexane. 

 

Si bien, aún conscientes de que tanto la prueba como el tratamiento son todavía muy experimentales, puede ser muy interesante investigar sobre la actividad de las células Natural Killers en mujeres con antecedentes de infertilidad. 

 

El tratamiento consistiría en algún tipo de terapia inmunosupresora, con todo lo que esto puede conllevar. Durante el embarazo estas opciones incluirían la progesterona, el clexane, la prednisolona o la inmunoglobulina intravenosa (IVIG).

 

Por otro lado, si una de las funciones del sistema inmune es distinguir lo que es propio de lo ajeno al cuerpo, la creación de anticuerpos para células o tejidos propios es sin duda un fallo en la función inmunológica. 

 

La hiperactividad de ciertas células del sistema inmune como las Natural Killers, por su parte, es también un fallo en la función inmunológica. 

 

Existe la creencia de que cuanto más trabajo le demos al sistema inmune más posibilidades de equivocarse puede tener. 

 

En este sentido, llevar una vida sana y saludable, en la que no haya inflamación de bajo grado, en la que no haya infecciones, en la que el uso de antibióticos sea limitado y en la que la microbiota esté cuidada, ayudará a limitar el trabajo al que el sistema inmune se ve expuesto y minimizará sus posibilidades para equivocarse. 

 

Lleva una vida lo más sana posible para ti y para tu fertilidad.

 

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