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¿Qué afecta la calidad espermática? Una mirada clara y actual a los factores que influyen en la fertilidad masculina

Durante años se pensó que la fertilidad masculina era estable, resistente y casi inmune a los cambios del estilo de vida. Hoy sabemos que no es así. El semen es extraordinariamente sensible al entorno, a la edad, al estrés, a la exposición a tóxicos y a la salud general del hombre.
De hecho, alrededor del 50% de las dificultades reproductivas en parejas están relacionadas, en mayor o menor medida, con el factor masculino.

En este artículo analizamos, desde la evidencia científica más reciente, cuáles son los factores que más influyen en la calidad espermática y qué puede hacerse para mejorarla.

La edad también importa — aunque menos que en la mujer

Aunque los hombres mantienen su capacidad reproductiva durante más años, la calidad del semen sí disminuye con el tiempo. A partir de los 40–45 años es habitual observar menor movilidad, más fragmentación del ADN espermático y un aumento de mutaciones espontáneas.
No significa que no puedan tener hijos, pero sí que existe un impacto real en la calidad genética del espermatozoide.

El papel central del estrés oxidativo

Probablemente el concepto más importante en fertilidad masculina es el estrés oxidativo. Cuando los radicales libres superan la capacidad antioxidante del organismo, el ADN del espermatozoide se vuelve vulnerable. Esto afecta su movilidad, su capacidad de fecundación y la calidad del embrión resultante.

El estrés oxidativo aumenta con una combinación de hábitos poco saludables: dieta pobre, tabaco, alcohol, tóxicos ambientales y sedentarismo. También se incrementa con la inflamación crónica, el sobrepeso o ciertas enfermedades.
Es por eso que la suplementación con antioxidantes (como vitamina C, vitamina E, zinc, selenio o CoQ10) puede mejorar los parámetros seminales cuando existe desequilibrio.

Tabaco y alcohol: enemigos silenciosos del semen

El tabaco es uno de los factores más dañinos para la calidad espermática. Se asocia a menor movilidad, peor morfología y mayor fragmentación del ADN. Incluso la exposición pasiva tiene efectos medibles.

El alcohol, por su parte, reduce la producción de testosterona y dificulta la formación de espermatozoides maduros. Aunque consumos puntuales no suelen ser un problema, la ingesta frecuente disminuye el volumen seminal y la concentración de esperma.

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El peso y la inflamación como reguladores hormonales

El tejido adiposo es un órgano endocrino activo, capaz de producir sustancias inflamatorias y alterar hormonas clave para la fertilidad.
Tanto el sobrepeso como la obesidad pueden reducir la testosterona, aumentar la aromatización (conversión en estrógenos) y empeorar movilidad y morfología espermática.
Por el contrario, un peso excesivamente bajo también afecta la producción hormonal.

Curiosamente, pequeñas pérdidas del 5–10% del peso corporal pueden producir mejoras notables en la calidad del semen.

Tóxicos ambientales: una amenaza cada vez más evidente

Vivimos rodeados de sustancias que actúan como disruptores endocrinos: ftalatos, pesticidas, BPA, PFAS, metales pesados… muchos de ellos presentes en plásticos, cosmética, productos de limpieza, envases o textiles técnicos.

Estos compuestos pueden alterar la testosterona, interferir en la maduración del esperma y aumentar la proporción de espermatozoides inmaduros o dañados. La exposición crónica, incluso a dosis bajas, se ha asociado a disminuciones significativas en parámetros seminales.

El calor excesivo: un factor simple y muy frecuente

Los testículos necesitan mantenerse entre 2 y 4 grados por debajo de la temperatura corporal para producir esperma de calidad.
Cuando esta temperatura aumenta —por saunas, baños calientes, ropa muy ajustada, uso prolongado del portátil sobre las piernas o conducción prolongada— la espermatogénesis se altera.

La buena noticia es que este factor es totalmente reversible.

Alimentación: combustible directo para el espermatozoide

El espermatozoide necesita antioxidantes, ácidos grasos saludables y micronutrientes para desarrollarse correctamente. Las dietas ricas en ultraprocesados o grasas trans aumentan el estrés oxidativo y disminuyen la calidad seminal.

En cambio, los patrones alimentarios ricos en verduras, frutas, frutos secos y pescado azul se han asociado repetidamente a mejores parámetros seminales.

Ni demasiado poco, ni demasiado: ejercicio y semen

El ejercicio moderado mejora testosterona, función metabólica y salud cardiovascular, lo que repercute directamente en el semen.
Pero el ejercicio extremo, especialmente el de resistencia prolongada, puede elevar el estrés oxidativo y reducir la calidad espermática. Como casi todo en fertilidad, el equilibrio es clave.

Enfermedades y condiciones médicas que influyen

Algunas enfermedades comunes pueden afectar la calidad del semen:
tiroides, diabetes, varicocele, infecciones, fiebre prolongada o hipogonadismo.
En estas situaciones, la intervención médica es esencial y suele mejorar la fertilidad.

¿Cuándo se notan los cambios?

La producción completa del espermatozoide dura unos 74 días. Por eso, cualquier cambio de hábitos —alimentación, sueño, ejercicio o reducción de tóxicos— empieza a verse reflejado entre las 8 y las 12 semanas.

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Preguntas frecuentes

¿Un seminograma alterado significa que no hay solución?
No. La mayoría de parámetros mejoran con cambios de hábitos.

¿La fragmentación del ADN es importante?
Sí, es uno de los marcadores más relevantes para la implantación y la calidad embrionaria.

¿Es normal que los resultados varíen de un mes a otro?
Completamente. El semen responde rápido a cambios en salud, fiebre o estrés.

Conclusión

La calidad espermática es un reflejo muy claro de la salud global del hombre. Aunque existen causas médicas no modificables, la mayoría de factores que afectan al semen —alimentación, estrés, peso, tóxicos, sueño, calor— sí pueden mejorarse, y los resultados suelen ser visibles en pocas semanas.

Cuidar la fertilidad masculina va más allá de conseguir un embarazo: es invertir en salud a largo plazo.

📚 Referencias (APA)

  • Agarwal, A., Baskaran, S., Parekh, N., Cho, C.-L., Henkel, R., Vij, S., … Gupta, S. (2021). Male infertility. The Lancet, 397(10271), 319–333.
  • Agarwal, A., et al. (2014). Impact of oxidative stress on male reproduction. World Journal of Men’s Health, 32(1), 1–17.
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  • Jensen, T. K., et al. (2018). Temporal trends in semen quality. Human Reproduction Update, 24(6), 651–673.
  • Practice Committee of the American Society for Reproductive Medicine. (2020). Male infertility: A committee opinion. Fertility and Sterility, 113(1), 53–62.

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